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El impacto oculto de los empleados tóxicos en el entorno laboral

Actualizado: 28 feb

Todos hemos trabajado con ese compañero que desmotiva, el jefe que prospera en el caos o el integrante del equipo cuya actitud negativa drena la energía colectiva. Un entorno laboral tóxico surge del comportamiento nocivo de ciertos empleados y afecta a organizaciones en todo el mundo. Sin embargo, lo que a menudo pasa desapercibido es el elevado costo oculto que conlleva.



Ryne Sherman, PhD, y Blake Loepp analizaron qué conductas definen a un empleado tóxico, cómo la personalidad influye en estos comportamientos y qué estrategias pueden aplicarse para enfrentar ambientes laborales perjudiciales.


“Crear una cultura tóxica, incluso de forma involuntaria, puede tener consecuencias duraderas para las organizaciones, ya que revertirla resulta extremadamente difícil”, advirtió Ryne.


¿Qué caracteriza a un empleado tóxico?


Un empleado tóxico no es alguien que es tóxico por naturaleza, sino alguien que actúa de forma que genera un ambiente laboral dañino. Este tipo de comportamiento, conocido como conducta contraproducente, puede manifestarse de muchas formas: sabotaje, desinformación, acoso, robo, hostilidad, entre otros. Según Ryne, “las personas sienten que no tienen seguridad psicológica o que están bajo amenaza constante. Esto no ocurre por azar, sino por la presencia de individuos que adoptan comportamientos tóxicos”.


Cómo se evalúa el comportamiento tóxico


No existe un único perfil de personalidad que defina la toxicidad. El equipo de investigación de Hogan analizó la literatura sobre conductas que contribuyen a ambientes laborales nocivos y las vinculó con competencias como la autogestión, la responsabilidad y la empatía.


Por ejemplo, en el Inventario de Personalidad de Hogan (IPH):

  • Baja Adaptación se asocia con hostilidad y mal uso de la información.

  • Baja Ambición con bajo rendimiento laboral.

  • Alta Sociabilidad con consumo de alcohol en el trabajo.

  • Baja Prudencia con robo, uso de drogas, lenguaje inapropiado y agresión física.


La Encuesta de Desarrollo de Hogan (HDS) también identifica escalas relacionadas con conductas tóxicas. Un comportamiento “colorido” puede implicar destrucción de propiedad o abuso de sustancias, mientras que uno “travieso” se vincula con prácticas inseguras. Como explicó Ryne: “Si un líder actúa de forma peligrosa, como conducir un montacargas sin control, establece una norma que otros podrían seguir”.


¿Por qué surge el comportamiento tóxico?


Algunas personas adoptan conductas tóxicas porque el entorno las normaliza. Si los líderes o compañeros gritan, chismean o evitan responsabilidades, el nuevo empleado puede asumir que ese es el estándar. Otros creen que su actitud es divertida o bien recibida, o que están cumpliendo con las expectativas. Un gerente tóxico, por ejemplo, podría pensar que gritar es una forma efectiva de exigir resultados.

“Recibir retroalimentación sobre los resultados puede ser clave para modificar el comportamiento”, señaló Ryne.


El costo de los empleados tóxicos


Hogan estima que alrededor del 6 % de la fuerza laboral mundial exhibe comportamientos tóxicos. Solo en EE. UU., evitar contrataciones tóxicas podría ahorrar hasta 292 mil millones de dólares en 2025.


Este cálculo incluye salarios, beneficios, costos de recontratación y efectos indirectos como el agotamiento laboral y la rotación de personal. Según Ryne, “se necesitarían cuatro empleados estrella para compensar el impacto de uno tóxico”.


Cómo responder ante un entorno laboral tóxico


La responsabilidad de abordar estos comportamientos recae en todos los niveles:

  • Empleados: pueden reportar conductas tóxicas a sus superiores o a Recursos Humanos, siempre que exista seguridad psicológica.

  • Líderes y gerentes: deben establecer una cultura saludable, intervenir ante conductas nocivas y, si es necesario, recurrir a coaching, desarrollo o despido.

  • Organizaciones: pueden transformar su cultura, implementar evaluaciones de personalidad en procesos de selección y fomentar entornos seguros donde se detecte y corrija el comportamiento tóxico.


“No hay una fórmula perfecta para predecir la toxicidad, pero sí podemos identificar patrones que nos ayuden a tomar mejores decisiones en la gestión del talento”, concluyó Ryne.


(Para ampliar información: Housman, M. y Minor, D. (2015). Trabajadores tóxicos.  Documento de trabajo de la Unidad de Estrategia de la Escuela de Negocios de Harvard, n.º 16-057.  https://doi.org/10.2139/ssrn.2677700)

 
 
 

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